Neuropedagogía para tiempos de pandemia

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Los últimos meses los docentes tuvimos que enfrentarnos a un nuevo desafío, acostumbrados como estamos a la proeza de acercar la educación a los cambios de la vida cotidiana, la realidad nos dio otro revés; nos cambió una vez más las reglas del juego al punto de no encajar con los principios más infalibles de nuestros modos de enseñar.

No obstante, si bien es innegable que la pandemia nos obligó a re pensar la forma en que educamos, también es cierto que muchas veces son las mismas preguntas e inquietudes que nos hicimos en las aulas de la presencialidad, las que toman vigencia y se fortalecen en las aulas virtuales y en las clases duales  –que combinan presencialidad con virtualidad- que están por llegar. ¿Cómo propiciar y mantener la atención de nuestros alumnos? ¿Cuáles son los saberes verdaderamente significativos a la hora de elegir qué enseñar? ¿Cuáles son los propósitos que debemos tener presente en cada momento del aprendizaje y su enseñanza? ¿Cuándo es propicio acercarme al alumno y cuándo es mejor dejarlo progresar en soledad o en equipo de pares?

Por suerte, diversas corrientes educativas fueron nutriendo la reflexión y mejorando la acción de nuestra tarea docente.   Entre ellas, la neurociencia y sus correlatos vertidos en los aportes de la neuropedagogía, viene a darnos algunas respuestas, permite orientar las decisiones, y puede ayudarnos a revelar los cuestionamientos que nos impone esta realidad particular.

Para empezar, la neurociencia nos dice que no hay aprendizaje sin atención, la atención focalizada es la puerta de entrada de todo aprendizaje; podría decirse sin error que el que no atiende no aprende de forma significativa.  Hay cosas que los docentes podemos hacer para fortalecer esta atención: los colores y sonidos llamativos, los estímulos atractivos, la relación con el interés personal de nuestros alumnos, la incorporación de recursos novedosos, son claves irrefutables para lograr que esa atención realmente focalice en nosotros como docente-guía del aprendizaje y en el objeto mismo de saber. Los docentes tenemos hoy en nuestras manos una herramienta valiosa para captar esa atención, porque cumple con la mayoría de los requisitos que tiene nuestro cerebro para atender: esa herramienta es la tecnología.  Esta puede convertirse en un instrumento fundamental para poner a rodar el proceso. Pues, si docentes y alumnos cuentan con los recursos tecnológicos y sapientes para hacerlo, las presentaciones digitales son ideales para “poner primera” y arrancar. Siempre que se acompañen con una propuesta que emocione, involucre y/o sorprenda al alumnado.

También sabemos, (tal como proponía el cognitivismo) que el conocimiento no se genera en nuestro cerebro como una acumulación lineal de información, pues, para que haya un aprendizaje tiene que haber integración de datos y procesos y es preciso que los docentes ayudemos a componer esa red, esa estructura sistémica de saberes que tiene como sustrato fisiológico la unión de neuronas.  Las uniones sinápticas son las relaciones físico-químico-eléctricas sobre las cuales se estructura el aprendizaje en nuestro sistema neurológico, y pueden propiciarse mediante la facilitación de conexiones significativas entre saberes y conceptos de distinta naturaleza.  Es ahí, en esa interrelación que requiere el aprendizaje, que el docente debe trabajar. Ya sea en el marco de la tan deseada presencialidad, o bien mediante los caminos alternativos que nos ofrece la virtualidad sincrónica y –en el menos ideal de los casos- las herramientas que facilitan las conexiones en la asincronía de los encuentros digitales menos cercanos. Como pueden ser las clases grabadas o los mensajes de chat.

Ahora bien, esas redes neuronales no son fáciles de construir, y menos, de perpetuar en el tiempo. Pues, los nuevos saberes luchan con las viejas estructuras generando confusión, ansiedad y hasta repliegue del propio saber.  Todos sabemos que aprender no es fácil, y que atravesar un proceso de crecimiento cognitivo genera todo tipo de miedos, molestias y ansiedades. Esto se debe a que el aprendizaje pasa por diferentes etapas; arranca en la incorporación de información (que bien podría provenir de un video, audio, tutorial o texto enriquecido por imágenes) y continúa en la verdadera asimilación de esa información.   La asimilación de esa información supone la ejecución o uso teórico-práctico del concepto o dato.  Es ahí cuando la información se vuelve conocimiento;cuando el nuevo saber logra “ingresar y quedarse” en la estructura cognitivo ejecutiva del cerebro.Para lo cual es preciso operar con el concepto, relacionarlo con otros saberes, aplicarlo a situaciones diversas, juzgar lo conocido; es decir, comprender verdaderamente lo que en principio sólo se podía repetir.

El riesgo de atravesar situaciones de ansiedad y desinterés en esta etapa, es alto; porque esa reestructuración demanda energía, tiempo, emocionalidad positiva y voluntad.  Es por ello que si hasta acá el acompañamiento del docente era importante; en esta etapa, se vuelve crucial.  Es sobre esta idea que se sustenta la propuesta de “aula invertida”, dado que la presentación teórica de un tópico puede recibirse con cierta facilidad por vías tecnológicas, pero la comprensión vivencial de un saber se potencia significativamente en el encuentro con el otro.

Es en ese mismo momento en que el acompañamiento del docente guía se vuelve ineludible, y la interacción entre pares, sumamente provechosa.   En esta instancia del aprendizaje es deseable capitalizar la riqueza de la presencialidad para batallar contra la confusión, la ansiedad, o la molestia que puede suponer la cruzada entre las viejas y las nuevas redes.  Los nuevos saberes “le ganan” a la vieja estructura cada vez que una actividad motivadora, emocionante y necesaria, se trabaja en encuentro con otros.   Y las llamadas neuronas espejo, tienen mucho que ver en este proceso de crecimiento.  Pero esa es harina de otro costal…ese es un saber para involucrar en nuevos desafíos en red, en otros encuentros de docentes que aman lo que hacen y están dispuestos a seguir aprendiendo, cómo único camino para enseñar más y mejor.

Mg. Mariela Cuda

Neuropsicoeducadora- Mg. Educación emocional

Autora de Neurociencias, didáctica y pedagogía Click aquí

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